UN MADRIDISTA EVITA LA FINAL SOÑADA

Un gol de Álvaro Morata dejó al Real Madrid sin la madre de todas las finales en Berlín. Tuvo que ser un madridista, que incluso no celebró su gol ante la que fue su afición, el que apartó al madridismo de vivir una final ante el Barça.

En 2004, dos goles de Morientes echaron al Madrid de Carlos Queiroz de la Copa de Europa. El de Sonseca estaba cedido, pero pudo jugar ante los blancos. Marcó en el partido de ida, una victoria con pinta de definitiva para el Madrid (4-2) y en el de vuelta, en Mónaco, donde los blancos cayeron 3-1. Eran cuartos de final y el Madrid decía adiós.

Once años después, la historia se repite con Álvaro Morata. No de forma exacta, pues el delantero que llego a la elite desde la cantera del Madrid fue traspasado a la Juve el pasado verano, pero casi. Morata abrió el marcador para la Vecchia Signora en el Juventus Stadium y una semana después, en otro partido que parecía fácilmente controlado por el Madrid, cazó un balón suelto en una jugada mal defendida por la zaga merengue para hacer el 1-1.

El resultado no solo expulsa al vigente campeón de la Champions. Evita, además, la madre de todas las finales, la que muchos anticipaban ya entre Barça y Madrid el 6 de junio en Berlín. Ocurre que el Barça hizo su parte, y el Madrid no.

El equipo blanco no tendrá ocasión de defender su corona ante su eterno rival, en la que hubiera sido la final soñada por millones de aficionados al fútbol en todo el mundo. Pero en Berlín estará la Juve, que, yendo de tapada, ha conseguido reescribir parte de su gloriosa historia europea. Quien sabe si la del Bernabéu no ha sido la última sorpresa que brinda a Europa la orgullosa escuadra de Massimiliano Allegri.